Falsa Filosofía


Alma
22 septiembre, 2013, 3:40 pm
Filed under: filosofía, pensamientos

¿Cómo puede pretenderse que el alma humana, en tanto creación divina, necesite ser salvada, si por el solo hecho de provenir de la divinidad ya es incorruptible por antonomasia?

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Estoy muerto
23 abril, 2013, 5:24 pm
Filed under: filosofía

Estoy muerto. Hace mucho tiempo que lo estoy. Antes de eso, cuando estaba vivo, también estaba muerto. Acostado en este ataúd que captura mi cuerpo y permite a mi alma alojarse en un continente cómodo y bastante conocido por lo demás, puedo reflexionar acerca de todo lo que pasó en esa extraña forma de muerte llamada vida, y que separa una muerte de otra por períodos no mayores a cien años. Dentro de esta caja de madera metida en el cubículo rectangular de cemento que los vivos llaman nicho, disfruto de mi pasajera estadía en el cementerio hasta que alguien, de aquellos que ninguno nombramos pero de quienes sabemos que existen porque existen, nos venga a sacar y nos lleve a ese lugar en que están quienes murieron y están por nacer, para así acercarse a la próxima muerte.

Lo vertiginoso de la existencia humana nos impide tener el tiempo adecuado para dejar que todo aquello no físico ni productivo se desarrolle; es por eso que el estar muerto me permite soñar e idealizar acerca de cosas que quisiera hacer estando vivo, pero que sé que jamás lograré, pues esos sueños apenas sirven para alimentar el alma y calmar un poco la ansiedad por ser más y mejor que el del lado, cosa impensada para cualquiera que se precie de estar vivo. Así, la muerte me deja ser quien quiero y no quien debo, emulsionando  rabias, temores y frustraciones, para que el alma llegue limpia a la vida siguiente y tenga espacio para llenar con esos asquerosos productos del soplo divino en el cuerpo inerte del humano. ¿Por qué tenemos la necesidad de vivir tan rápido, sin disfrutar de nada de lo que hacemos, si se supone que para eso es el período entre muerte y muerte llamado vida? ¿O es acaso la muerte la verdadera vida, cuando no necesitamos nada y nada necesita de nosotros?

No entiendo la vida, y es por eso que prefiero estar muerto, y que prefiero pensar que cuando estoy vivo también estoy muerto. La realidad del subsistir es simplemente enfermante mientras se vive, cosa inexistente al dejar ese penoso estado.

Tal vez lo único homologable de la muerte con la vida es el dormir. Ese estado de desconexión de la realidad, y más precisamente ese instante en que lo sucedido durante el día empieza a dejar de importar al ser aplastado por la ensoñación, es lo único que puede al menos aproximarse a la maravillosa sensación de estar muerto. Y pese a las almas en pena que aparecen por doquier, sufriendo y haciendo sufrir por culpa de sus recuerdos, y de uno que otro espíritu maligno que anda buscando almas oscuras para acercarlas a su destino final, la sensación de estar muerto es simplemente lo mejor que puede existir. Pero para poder morir primero hay que vivir, y de ahí en más comienzan las complicaciones.

Estoy muerto. Todos lo estamos. Hasta los vivos están muertos. Todos pretenden creer que la vida es simplemente la capacidad de latir, respirar y pensar, pero están completamente equivocados: subsistir no es vivir, aunque les duela reconocerlo. Los que creen estar vivos ya no sienten, no disfrutan la vida, no gozan lo que tienen, no luchan por sus ideales; de hecho, la mayoría no tiene siquiera ideales. Siguen la rutina establecida porque les enseñaron que eso es lo que existe, y del modo en que debe existir; y cada vez que alguien se da cuenta que eso no es vida e intenta empezar a vivir, lo tildan de loco, desadaptado o hasta de antisocial. La vida dejó de ser vida hace tiempo, y quienes están vivos, pese a estarlo, no lo están.

Estoy muerto. Tú también. No te resistas, simplemente asúmelo, y empieza a vivir.



Eficiencia
13 febrero, 2013, 6:54 pm
Filed under: pensamientos

Un sistema es eficiente cuando pese a toda la mala voluntad de sus componentes, es capaz de entregar el resultado esperado.



Diálogos de Bioética
5 enero, 2013, 11:35 pm
Filed under: bioética

Comparto con ustedes una publicación que acabo de subir a Scribd titulada “Diálogos de Bioética”, donde están los 4 post de bioética subidos a este blog, por si alguien se interesa en tenerlos.

http://es.scribd.com/doc/119134001/Dialogos-de-Bioetica



Monstruos
5 noviembre, 2012, 8:38 pm
Filed under: filosofía

La “sociedad” y el “sistema” son dos monstruos de siete cabezas y diez cuernos, de origen alienígena, que fueron creados por alguna deidad maligna para castigar al ser humano por su bondad, con tal poder que son capaces de alterar negativamente la existencia de las personas, sin que nadie sea capaz de modificar siquiera en parte o temporalmente este destino. Esa es la visión que me queda cada vez que escucho o leo los análisis que hacemos para explicar el origen de nuestros males y el por qué de su perpetuación en el tiempo, y que se exacerban y hasta teatralizan en los períodos preelectorales. Así, desde todas las aceras de las entidades de representación social (política y religión principalmente) y desde cada púlpito existente y posible, la sociedad y el sistema se erigen como la causa de nuestros males, y blanco predilecto de todos los dardos que se lanzan para ganar adeptos.

La realidad es que la sociedad y el sistema, en el fondo, somos nosotros. Estas entidades perduran en el tiempo porque la raza humana perdura en el tiempo, se potencian porque el humano las potencia, y son entes generadores de desigualdad e injusticia porque los humanos somos intrínsecamente egoístas, por lo que tendemos a la desigualdad y a la injusticia al buscar lo mejor para nosotros sin pensar en el otro. ¿Qué hacemos en la práctica para luchar contra esta pareja de monstruos que socavan día a día nuestras vidas y contaminan nuestras almas? Los atacamos con poderosas armas tales como la retórica, el discurso encendido, y el siempre bien ponderado debate. Con ello, quedamos en paz con nosotros mismos y con quienes nos rodean, y al final del día la realidad sigue tal cual.

La verdad es que no podemos cambiar ni a la sociedad ni al sistema, porque ello trae implícito el cambiar de forma de vida, cosa a la que, fuera del discurso, no estamos dispuestos. Así, es muy frecuente encontrarnos con paradojas entre el discurso y los hechos; basta pensar un poco, por ejemplo, en las polémicas acerca de la instalación de antenas de telefonía celular: nadie quiere antenas cerca de su casa, pero reclamamos en cuanto la señal se hace más débil y no recibimos aquello que creemos merecer por lo que estamos pagando. Hoy en día la empatía y la resiliencia se han instaurado en el debate como herramientas que ayudarán en el mediano plazo a solucionar en parte las desigualdades y las injusticias, si es que somos capaces de sacarlas del discurso y ponerlas en la realidad; sino, simplemente serán otro recurso más de la retórica que nos sirve para mantener el status quo.



La batalla del dogma
22 octubre, 2012, 12:33 am
Filed under: filosofía

Las religiones son instituciones privadas, con fines de lucro, destinadas a administrar la capacidad de las personas de creer en cosas intangibles, o de no necesitar o querer pruebas de dichas cosas. Desde esa perspectiva, el no pertenecer a alguna religión no te hace necesariamente no creyente, sino simplemente no adscrito a alguna escuela administradora de la fe. Del mismo modo, el no expresar tu postura al respecto no modifica tu capaidad de tener fe.

En la vereda del frente encontramos a un variopinto grupo de personas, con muchas denominaciones, que no tienen fe, no la necesitan, o reniegan de ella. Extrañamente muchas de estas personas necesitan pertenecer a alguno de los grupos que se identifican como ateos, y más aún, se enfrascan en verdaderas cruzadas por demostrarle al resto lo equivocados que están al tener fe. Así, parecen necesitar de la aprobación del resto para mantener su postura ideológica.

¿Quién es el dogmático?



Alma
19 septiembre, 2012, 3:12 pm
Filed under: filosofía

Un alma desencarnada, sin nombre, sexo ni edad, era. Su sola esencia era suficiente para definir su realidad, y apartar todas las dudas que invaden al ser en cuanto entra al cuerpo al que debe dar el soplo vital. Su ausencia de características evaluables por los sentidos conocidos demostraba su cualidad de única y maravillosa, como toda creación que viene para alguna vez volver.

Un alma desencarnada, sin nombre, sexo ni edad, estaba. Sin necesidad de ubicación, su existencia era garantía de permanencia en todas y ninguna parte, hecho casi inexplicable para vivos pero natural en el plano de aquellos que no necesitan de cuerpo, o aún (o ya) no lo merecen. La natural omnipresencia de las criaturas etéreas convertía a todas ellas en parte del cosmos y en cosmos como tal.

Un alma desencarnada, sin nombre, sexo ni edad, buscaba. Su búsqueda era gatillada por su propia esencia omnisciente, ella la obligaba a internarse en los recovecos de la nada para que todo lo que escapara de su realidad, fuera raudamente recapturado. Su búsqueda la había llevado a una revelación dolorosa: dentro de los límites de su todo, era, estaba y lo sabía todo, pero más allá de aquello su ignorancia lo llevaba a calificar esa ignota existencia como nada, a sabiendas que la nada es la simple ausencia del todo, o peor aún, su ignorancia. Así, la curiosa alma empezaba a conocer el sufrimiento en manos de su propia esencia e ignorancia, e intentaba paliar dicho sufrimiento en la búsqueda.

Un alma desencarnada, sin nombre, sexo ni edad, sentía. Lo suyo, como entidad etérea, no eran las sensaciones, pues no tenía cómo medir lo que la rodeaba; pese a poder identificar el medio gracias a su omnisciencia, no le aportaba nada el sentir el entorno, por lo que lo suyo eran los sentimientos. Aquello que al encarnar se convertía en el enemigo de la racionalidad, en su estado era lo que equilibraba a la razón, navegando ambas en comunión por el océano de la intangibilidad.

Un alma desencarnada, sin nombre, sexo ni edad, decidía. A sabiendas que su decisión implicaba un cambio de estado que tácitamente implicaba retroceso en el corto plazo, era el único camino para iniciar el retorno hacia el principio. La vuelta a la fuente de origen era el objetivo final, para iniciar el verdadero camino. No era grato aceptar que para avanzar tres pasos había que partir dando uno atrás, pero ese hecho no era modificable y por ende, indiscutible. La evolución parte en la involución, la luz debe conocer la oscuridad, el futuro se sustenta en el pasado, la sabiduría nace como ignorancia.

Un alma desencarnada, sin nombre, sexo ni edad, cambió. Conscientemente recibió nombre, eligió sexo, y obtuvo edad que en ese instante era cero. Así, como alma encarnada en cuerpo dio el necesario paso atrás para poder cumplir su misión e intentar avanzar los tres necesarios, que la dejarían dos pasos más cerca de la meta en la maratón evolutiva hacia la iluminación.