Falsa Filosofía


Presentimientos
26 agosto, 2014, 12:31 am
Filed under: filosofía

¿Podría un presentimiento, no ser más que una conclusión lógica de la mente subconsciente? Imaginen: La mente subconsciente hace un metanálisis de todas las variables en juego, llega a una conclusión lógica, y como no tiene canales normales de expresión, genera una serie de sensaciones no interpretables por la mente consciente, pero que se manifiestan como síntomas anodinos en el cuerpo, y como ideas inconexas con sensación de premonición en el cerebro humano.

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Leyes
4 julio, 2014, 7:27 pm
Filed under: filosofía

La ley del hombre tiene todas las facultades para regular sus actos, y ninguna para intervenir en sus sentimientos y sensaciones. Acatar una ley no implica estar de acuerdo con ella, sino simplemente estar encarcelado en un sistema en que el bien común de unos prima sobre el bien común de otros.



Búsqueda
13 octubre, 2013, 4:07 pm
Filed under: filosofía

El humano necesita de clasificaciones y definiciones para sentirse parte de algo, y usa una gran parte de su vida en buscar esa clasificación en que encaja y esa definición que lo representa, sin darse cuenta que la sola esencia nos define y clasifica, y que siempre ha estado en nosotros. Es triste darnos cuenta para intentar vivir mejor, dejamos que la vida se nos pase, y la terminamos perdiendo y dándonos cuenta cuando ya es demasiado tarde, y ya se nos acabó el tiempo, o no tenemos la energía suficiente o las ganas de cambiar.

¿Es realmente necesario buscar qué somos y en dónde encajamos? Si ello fuera así, aquellos que no buscan no tendrían vida, y muchas veces aquellos que nunca se han cuestionado o ya dejaron de hacerlo, viven más felices y tranquilos que quienes se desviven por encontrar ese marco que suponen les asegurará felicidad. Pero es válido también que para algunos su vida sea esa búsqueda, en la medida que ello los haga felices, y que el no encontrar lo que buscan no genere angustia.

¿Qué sucede si busco, logro encontrar, y me doy cuenta que la clasificación en que encajo no me gusta, o la definición que me representa me daña? Cualquier búsqueda trae este riesgo implícito, y quien se decida a buscar debe tener claro el riesgo al que se enfrenta. Ello no implica necesariamente que la búsqueda esté hecha sólo para valientes, o que sea mejor no arriesgarse: simplemente hay que tener claro que cualquier camino que se emprenda, necesariamente tendrá piedras que nos harán tropezar, y debemos estar preparados para aguantar la caída, pararnos y seguir caminando.



La esencia del dogma
7 octubre, 2013, 10:52 pm
Filed under: filosofía, pensamientos

El mejor modo de conocer la esencia de un dogma es por medio de su rama ortodoxa,

pues es la única que no teme expresar su realidad,

dado que es la que menos interés tiene en masificarse.



Alma
22 septiembre, 2013, 3:40 pm
Filed under: filosofía, pensamientos

¿Cómo puede pretenderse que el alma humana, en tanto creación divina, necesite ser salvada, si por el solo hecho de provenir de la divinidad ya es incorruptible por antonomasia?



Estoy muerto
23 abril, 2013, 5:24 pm
Filed under: filosofía

Estoy muerto. Hace mucho tiempo que lo estoy. Antes de eso, cuando estaba vivo, también estaba muerto. Acostado en este ataúd que captura mi cuerpo y permite a mi alma alojarse en un continente cómodo y bastante conocido por lo demás, puedo reflexionar acerca de todo lo que pasó en esa extraña forma de muerte llamada vida, y que separa una muerte de otra por períodos no mayores a cien años. Dentro de esta caja de madera metida en el cubículo rectangular de cemento que los vivos llaman nicho, disfruto de mi pasajera estadía en el cementerio hasta que alguien, de aquellos que ninguno nombramos pero de quienes sabemos que existen porque existen, nos venga a sacar y nos lleve a ese lugar en que están quienes murieron y están por nacer, para así acercarse a la próxima muerte.

Lo vertiginoso de la existencia humana nos impide tener el tiempo adecuado para dejar que todo aquello no físico ni productivo se desarrolle; es por eso que el estar muerto me permite soñar e idealizar acerca de cosas que quisiera hacer estando vivo, pero que sé que jamás lograré, pues esos sueños apenas sirven para alimentar el alma y calmar un poco la ansiedad por ser más y mejor que el del lado, cosa impensada para cualquiera que se precie de estar vivo. Así, la muerte me deja ser quien quiero y no quien debo, emulsionando  rabias, temores y frustraciones, para que el alma llegue limpia a la vida siguiente y tenga espacio para llenar con esos asquerosos productos del soplo divino en el cuerpo inerte del humano. ¿Por qué tenemos la necesidad de vivir tan rápido, sin disfrutar de nada de lo que hacemos, si se supone que para eso es el período entre muerte y muerte llamado vida? ¿O es acaso la muerte la verdadera vida, cuando no necesitamos nada y nada necesita de nosotros?

No entiendo la vida, y es por eso que prefiero estar muerto, y que prefiero pensar que cuando estoy vivo también estoy muerto. La realidad del subsistir es simplemente enfermante mientras se vive, cosa inexistente al dejar ese penoso estado.

Tal vez lo único homologable de la muerte con la vida es el dormir. Ese estado de desconexión de la realidad, y más precisamente ese instante en que lo sucedido durante el día empieza a dejar de importar al ser aplastado por la ensoñación, es lo único que puede al menos aproximarse a la maravillosa sensación de estar muerto. Y pese a las almas en pena que aparecen por doquier, sufriendo y haciendo sufrir por culpa de sus recuerdos, y de uno que otro espíritu maligno que anda buscando almas oscuras para acercarlas a su destino final, la sensación de estar muerto es simplemente lo mejor que puede existir. Pero para poder morir primero hay que vivir, y de ahí en más comienzan las complicaciones.

Estoy muerto. Todos lo estamos. Hasta los vivos están muertos. Todos pretenden creer que la vida es simplemente la capacidad de latir, respirar y pensar, pero están completamente equivocados: subsistir no es vivir, aunque les duela reconocerlo. Los que creen estar vivos ya no sienten, no disfrutan la vida, no gozan lo que tienen, no luchan por sus ideales; de hecho, la mayoría no tiene siquiera ideales. Siguen la rutina establecida porque les enseñaron que eso es lo que existe, y del modo en que debe existir; y cada vez que alguien se da cuenta que eso no es vida e intenta empezar a vivir, lo tildan de loco, desadaptado o hasta de antisocial. La vida dejó de ser vida hace tiempo, y quienes están vivos, pese a estarlo, no lo están.

Estoy muerto. Tú también. No te resistas, simplemente asúmelo, y empieza a vivir.



Monstruos
5 noviembre, 2012, 8:38 pm
Filed under: filosofía

La “sociedad” y el “sistema” son dos monstruos de siete cabezas y diez cuernos, de origen alienígena, que fueron creados por alguna deidad maligna para castigar al ser humano por su bondad, con tal poder que son capaces de alterar negativamente la existencia de las personas, sin que nadie sea capaz de modificar siquiera en parte o temporalmente este destino. Esa es la visión que me queda cada vez que escucho o leo los análisis que hacemos para explicar el origen de nuestros males y el por qué de su perpetuación en el tiempo, y que se exacerban y hasta teatralizan en los períodos preelectorales. Así, desde todas las aceras de las entidades de representación social (política y religión principalmente) y desde cada púlpito existente y posible, la sociedad y el sistema se erigen como la causa de nuestros males, y blanco predilecto de todos los dardos que se lanzan para ganar adeptos.

La realidad es que la sociedad y el sistema, en el fondo, somos nosotros. Estas entidades perduran en el tiempo porque la raza humana perdura en el tiempo, se potencian porque el humano las potencia, y son entes generadores de desigualdad e injusticia porque los humanos somos intrínsecamente egoístas, por lo que tendemos a la desigualdad y a la injusticia al buscar lo mejor para nosotros sin pensar en el otro. ¿Qué hacemos en la práctica para luchar contra esta pareja de monstruos que socavan día a día nuestras vidas y contaminan nuestras almas? Los atacamos con poderosas armas tales como la retórica, el discurso encendido, y el siempre bien ponderado debate. Con ello, quedamos en paz con nosotros mismos y con quienes nos rodean, y al final del día la realidad sigue tal cual.

La verdad es que no podemos cambiar ni a la sociedad ni al sistema, porque ello trae implícito el cambiar de forma de vida, cosa a la que, fuera del discurso, no estamos dispuestos. Así, es muy frecuente encontrarnos con paradojas entre el discurso y los hechos; basta pensar un poco, por ejemplo, en las polémicas acerca de la instalación de antenas de telefonía celular: nadie quiere antenas cerca de su casa, pero reclamamos en cuanto la señal se hace más débil y no recibimos aquello que creemos merecer por lo que estamos pagando. Hoy en día la empatía y la resiliencia se han instaurado en el debate como herramientas que ayudarán en el mediano plazo a solucionar en parte las desigualdades y las injusticias, si es que somos capaces de sacarlas del discurso y ponerlas en la realidad; sino, simplemente serán otro recurso más de la retórica que nos sirve para mantener el status quo.