Falsa Filosofía


Diálogos de Bioética
5 enero, 2013, 11:35 pm
Filed under: bioética

Comparto con ustedes una publicación que acabo de subir a Scribd titulada “Diálogos de Bioética”, donde están los 4 post de bioética subidos a este blog, por si alguien se interesa en tenerlos.

http://es.scribd.com/doc/119134001/Dialogos-de-Bioetica



Bioética y autonomía
23 agosto, 2010, 12:22 am
Filed under: bioética

Al revisar los programas de salud pública asociados a beneficios, se puede ver que la entrega de dichos beneficios queda supeditada a la asistencia a todas las citaciones programadas. Visto desde la perspectiva del usuario, este sistema vulnera sistemáticamente uno de los principios fundamentales de la bioética, la autonomía. Si se analiza desde el punto de vista mercantil, se están usando beneficios económicos (alimentos) como moneda de cambio para mantener al día los controles estipulados por las políticas ministeriales.



Diálogos de Bioética IV
20 agosto, 2009, 12:25 am
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Resuma de forma breve los argumentos a favor y en contra de la eutanasia que están presentes en el actual debate en bastantes países. Dé su opinión personal fundamentada.

El principal problema al intentar hacer un paralelo entre los argumentos a favor y en contra de la eutanasia está, tal y como se describe en los documentos de trabajo, en la definición de eutanasia. Todos los argumentos a favor de esta práctica intentan de cierto modo adornar o encubrir el hecho de fondo, que no es otro que matar a un paciente. Independiente de la postura que se tome, la claridad plena de este concepto evitará dobles lecturas e interpretaciones antojadizas.

Los argumentos a favor de la aplicación de la eutanasia se basan en el principio de la autonomía del paciente y el principio utilitarista de procurar el mayor bien al mayor número de personas posibles. El principio de autonomía se interpreta como la libertad absoluta del paciente para decidir acerca de sí mismo, incluyendo el instante y las circunstancias de su muerte. De este modo se pregona que si llega la instancia en que las enfermedades merman de modo irreversible la calidad de vida de la persona (sea porque le provoca dolores insoportables o porque limita parcial o totalmente sus capacidades de autovalencia), ésta está en su derecho de solicitar ayuda para terminar con su existencia, ya sea siendo asistido en su suicidio o recibiendo una muerte no dolorosa; esto supone que, habiéndose agotado todos los recursos existentes en el estado del arte médico para la patología que porta el paciente, y no pudiendo ofrecérsele otra alternativa curativa o paliativa, éste puede disponer de su propia vida, dentro de lo cual también se encuentra el término de ella; dado que es el médico el garante que la sociedad tiene de la salud de las personas, y que en él residen los conocimientos técnicos acerca de la vida y de la muerte, sería éste el indicado para ayudar al paciente a tener una muerte no dolorosa, sea por medio de asistencia al suicidio o por acción directa administrando algún principio activo que provoque la muerte. El principio utilitarista se basa en la premisa de procurar el mayor bien a la mayor cantidad de personas posible. En este sentido la interpretación se basa en definir que la relación del coste de la enfermedad versus la calidad de vida son negativas tanto para el paciente como para la sociedad, generando una suerte de personas de segunda categoría dada su inutilidad desde el punto de vista productivo. Así, pacientes portadores de diversos grados de demencia, pacientes en coma profundo irreversible y recién nacidos con malformaciones y minusvalías graves, son considerados sujetos de eutanasia no porque lo soliciten, sino porque el costo económico que implica para la sociedad y su familia, y los costos emocionales que genera para el núcleo familiar, son mayores que la ganancia de mantenerlos con vida el tiempo que su propia biología determine. En este sentido es cada sociedad la que determina qué costos son atendibles y hasta cuándo.

Los argumentos en contra de la eutanasia parten de la premisa que la vida humana no es propiedad de la persona sino un don conferido a cada cual, el cual puede ser usufructuado libremente por cada individuo por y para sí mismo, pero sin poder disponer de su principio o su final. De este modo la persona está impedida de atentar contra su propia vida (pues el principio de autonomía de la persona pasa porque ésta esté viva) y por ende el médico no puede intervenir en este proceso facilitando los medios para que el paciente se suicide o administrándole algún principio activo que lo mate. Así, ontológicamente hablando, el médico está impedido de causar o facilitar la muerte de una persona pues ello va en contra de la esencia de su ser. Por otra parte, deontológicamente hablando, el médico está impedido de esta acción por el simple hecho de estar dentro de sus deberes la beneficencia y la no maleficencia, como principios superiores desde el punto de vista bioético, que están aún por encima del principio de la autonomía del paciente; si bien es cierto el médico no puede vulnerar el derecho de autodeterminación de cada individuo, tampoco debe prestarse a una situación en que los principios bioéticos entren en conflicto entre ellos. Sea cual fuere el deseo del paciente respecto de sí mismo, el médico no puede, para satisfacer dichos deseos, dejar de causar el bien o provocar el mal, pues ello va en contra de la naturaleza de la profesión por una parte, y de la naturaleza humana por otra.

Desde el punto de vista filosófico, y a diferencia del principio de la vida en que no tenemos medios para asegurar el instante en que el alma se funde con el cuerpo para conformar a la persona humana, el final de la vida tiene un instante marcado que es el momento en que terminan irreversiblemente las funciones vitales del cuerpo, pues al dejar de funcionar el continente el contenido ya no tiene dónde residir y debe seguir su camino. Basados en este precepto, al interrumpir una vida humana, sea facilitando el suicidio o acabando directamente con esta, estamos destruyendo el continente de un alma y por ende interfiriendo en el camino trazado para esa alma. La naturaleza física de la persona humana nos impide conocer aquello que está fuera de nuestro ámbito físico, por lo cual dejamos ese ámbito en manos de la creencia en algún dogma que compartamos por historia familiar o por convicción. Independiente de los dogmas de cada cual, y nuevamente afirmados en la incertidumbre de todo aquello que escapa a nuestros sentidos, es que el médico debe abstenerse de intervenir en aquello que no domina ni le concierne, pues el arte médico está reservado para la vida del cuerpo físico, y no para los límites de la persona desde el punto de vista metafísico.



Diálogos de Bioética III
13 julio, 2009, 9:09 pm
Filed under: bioética

Resuma los argumentos a favor y en contra de que la vida humana comienza en el momento de la fecundación del óvulo por el espermatozoide. Dé su opinión razonada.

El comienzo de la vida humana, pese a todos los avances científicos, sigue y seguirá siendo materia de controversia, debido a la diversas interpretaciones de la evidencia científica existente y a la dimensión filosófica que envuelve su definición.

Basado exclusivamente en la biología, los principales argumentos a favor del inicio de la vida humana en el momento de la fecundación están basados en la potencialidad absoluta del cigoto de formar una persona humana. La presencia de un material genético nuevo y distinto al de ambos progenitores luego de la fusión de las membranas de ambos gametos sirve como pilar de esta ponencia, pues define a esta célula como un organismo independiente de los genomas de sus padres, toda vez que pese a que cada cual aportó la mitad del material genético la mezcla lleva a la expresión de un conjunto de cualidades únicas e irrepetibles que constituirán a una persona humana. Del mismo modo, desde el instante de la fecundación y hasta la muerte se está en presencia de un solo proceso que pasa por distintas etapas, esto es, un continuo sin interrupciones ni posibilidades de modificación de especie, pues el cigoto humano tiene todas las potencialidades de formar una persona humana, mas ninguna potencialidad de cualquier otra especie. Previo a la unión de ambos gametos no existe una forma de vida independiente, sino sólo células altamente especializadas que gracias a la fusión pueden llegar a conformar vida independiente como tal.

Los argumentos en contra del inicio de la vida humana desde la fecundación se basan en la idea de no asociar la esencia del individuo con el cigoto sino con estadíos más avanzados del desarrollo del embrión. Así, se sugieren como hitos de inicio de la vida humana la fusión de los pronúcleos, pues en ese instante se estaría en presencia de un solo material genético; la implantación, o el momento en el cual no fuera posible por medios naturales la aparición de gemelos, pues ello aseguraría la fase irreversible de individualidad del embrión, lo que definiría la característica propia de la persona humana; la fase de estría primitiva, cuando se han conformado todos los sistemas de sustento del embrión; el inicio de la vida cerebral, basado en que la presencia de función cerebral determina la existencia de un centro que coordina todas las acciones, tal como su cesación (muerte cerebral) determina el término de la vida en cuanto persona; la presencia de cerebro, sistema nervioso, órganos de los sentidos y corteza cerebral, pues ellos constituirían el principio exclusivo y determinante de la persona humana, toda vez que constituyen el centro de comando central de la vida y sus vías de conexión con el medio que lo rodea. De todos modos ninguno de estos argumentos logra definir qué es el conjunto de células que se ha conformado desde la fecundación del óvulo por el espermio hasta cualquiera de estos hitos de inicio de la vida humana.

Desde el punto de vista filosófico se define a la persona humana como una unidad de cuerpo y alma, y se considera que dicha alma es la que da la esencia, sustancia e individualidad a cada persona. Estas consideraciones metafísicas pueden variar entre las distintas escuelas filosóficas en mayor o menor grado, pero en general todas aceptan la existencia de una sustancia no física que le da sentido e individualidad a cada uno de nosotros. No debemos dejar de lado por supuesto a aquellos que no creen en ningún tipo de existencia no corpórea, y que sostienen que la vida es meramente física. Todas estas consideraciones se basan exclusivamente en la capacidad propia del ser humano de creer en algo insustancial y no posible de probar por medios humanos, a lo que generalmente denominamos fe. Es así como cada uno de nosotros, de acuerdo a nuestra historia familiar, a los diversos sucesos de la vida o a los conocimientos adquiridos, seguirá una particular manera de aceptar la presencia o ausencia de alma. En este sentido los profesionales del área de la salud debemos tener presente que pese a nuestras propias creencias y a la de nuestros usuarios, nuestro actuar debe ser siempre el correcto, esto es, ceñido a lo que la ley y el estado del arte médico indican.

De este modo, dado que nos es imposible medir la existencia de alma (y aceptando su existencia tampoco es posible determinar fehacientemente el instante en que dicha alma ingresa al cuerpo), y basados en el conocimiento que la ciencia nos entrega, es que desde mi punto de vista es prudente considerar que la vida humana, considerada como una unidad de cuerpo y alma, se inicia en el instante de la fecundación del óvulo por el espermio. De todos modos nunca está de más recordar que las creencias de nuestros usuarios son tan válidas como las nuestras, por lo cual es imprescindible en estos temas sensibles informar de nuestras convicciones a quienes nos consultan, lo que permitirá que cualquier decisión que se tome al respecto sea consensuada, informada y aceptada libremente por ambas partes.



dialogos de bioetica ii
20 junio, 2009, 5:40 pm
Filed under: bioética

¿Qué opina de las ideas de Engelhardt sobre el profesional de la salud como burócrata y geógrafo de valores?

Una mirada superficial de estas afirmaciones me hace pensar en el carácter didáctico que puede haber buscado el autor para tratar de explicar las dificultades presentes al confrontar diferencias morales de fondo entre los actores de la díada personal sanitario – usuario.

Al representar al profesional como un burócrata que se dedica a recordar a sus pacientes sus derechos y los límites de estos, parecemos estar frente a un administrativo que lee una cartilla de instrucciones a quien está enfrente de él, sin importar que entienda o comparta lo que está leyendo. Si bien es cierto no es extraño encontrarnos con diferencias entre los supuestos morales de ambas partes, ellas no son sino más bien sutiles. Pese a la gran diversidad de supuestos existentes, casi todos ellos en el mundo occidental están regidos bajo la moral judeocristiana, que es la que nos gobierna ancestralmente, siendo las diferencias más bien de forma que de fondo; muchas veces corremos el riesgo de fijarnos sólo en las diferencias, mientras tenemos frente a nuestros ojos las similitudes. Obviamente los creadores de los códigos deontoógicos intentarán ordenar sus ideas de modo tal que tengan un sustento racional para poder demostrar a todos los actores la pertinencia de los enunciados; sin embargo, al revisar estos códigos no sería extraño encontrarnos con que la mayoría de las diferencias están basadas en conceptos primarios comunes. Ahora bien, desde mi punto de vista el profesional de la salud, si debe comportarse como un burócrata, debe hacerlo en toda la extensión de la palabra con todos los usuarios, y no sólo con los extraños morales; discriminar entre quienes comparten su moralidad y quienes no, pondría una suerte de muro que llevaría al profesional a preferir a unos por sobre otros, lo cual terminaría por deteriorar su calidad de atención general y su imagen frente a los usuarios, lo que en definitiva mellaría la confianza que debe existir entre el profesional y el usuario. Dentro de la práctica profesional privada esto podría no ser un problema mayor basados en la ley de la oferta y la demanda, pero en el sector público, en que en muchas ocasiones el profesional a cargo de algunos programas de salud es único, esto no puede ocurrir, pues violaría el principio de equidad.

La caracterización del personal de salud como geógrafos de valores y derechos se refiere a que cuanto más capaces son de mostrar a sus pacientes las consecuencias de sus decisiones y las razones a favor y en contra de otras posibles decisiones, más pacientes podrán elegir racionalmente y asumir sus responsabilidades con sus equipos de salud. En el texto el autor plantea un conflicto entre el deber de respetar la libertad del paciente y el deber de hacer lo que mejor responda a los intereses de dichos pacientes. Desde mi apreciación y experiencia clínica, en la medida que los profesionales somos capaces de ejercer este papel de geógrafos dicho conflicto desaparece o se minimiza, pues siempre ha de primar el principio de autonomía de la persona. En la medida que un paciente esté en pleno uso de sus facultades mentales y el profesional haya explicado todas las repercusiones positivas y negativas de las diversas alternativas respecto de la consulta del paciente en un lenguaje adecuado a la realidad de dicha persona, la decisión que tome siempre será la más adecuada a su realidad moral. Ningún profesional puede imponer su criterio al paciente, pues el acto de consultar es libre, por ende lo que la persona decida del resultado de dicha consulta también lo será. Del mismo modo en que esa persona es libre de tomar la decisión de seguir o no las indicaciones que emanen de su consulta, la responsabilidad de las consecuencias de no seguirlas recaerán sobre dicha persona, toda vez que el profesional haya cumplido adecuadamente su misión de mostrar la mayor parte de las consecuencias de las alternativas que le ofrezca al paciente. Siguiendo esta línea, el profesional deberá informar al paciente de las restricciones que le impone su propia moral respecto de alternativas terapéuticas, para que éste, ejerciendo su autonomía, decida si toma alguna de las que aquel profesional ofrece dentro de su marco valórico, o busca otro que se acerque más a sus valores.



Diálogos de Bioética I
19 mayo, 2009, 1:03 am
Filed under: bioética

A partir de hoy, y con intervalos no muy fijos que digamos, les dejaré mis apreciaciones respecto de algunos temas de ética general y bioética, a propósito de un diplomado que estoy cursando este año sobre el tema en cuestión. Espero gustoso vuestras apreciaciones y comentarios.

¿Qué diferencia hay entre ética, bioética y deontología?

Para empezar me parece que todos estos conceptos están directamente relacionados entre sí. El hecho de que se manejen como ideas distintas pasa más que nada por una necesidad de hacer énfasis en los aspectos específicos de cada definición.

De los textos fundamentales se desprende que ética y bioética comparten los mismos principios, y que las diferencias van por el lado de la particularidad de los problemas que atiende la bioética, basado en la especificidad de su foco de acción, esto es, las ciencias de la vida y el cuidado de la salud. Pero para poder atender estos campos, debe partir por atender que lo hace respecto de la conducta humana, lo que es el objeto de acción de la ética general. Una vez establecido que una deriva de la otra, podemos intentar entender sus diferencias. La principal es la necesidad de tener una base científica para poder desarrollar y resolver los dilemas que se plantean; si bien es cierto todo esto está cimentado en la ética general, que de por sí se basa en conductas humanas que son analizables a la luz de cualquiera capaz de entender la diferencia entre bien y mal y que tenga arraigados, sea cual sea su origen, los principios generales que nos diferencian del resto de las especies, la vertiginosa velocidad del avance del conocimiento científico hace que cada día sea más difícil determinar los límites de estos principios (por ejemplo del término de la vida, que hoy ya no pasa por la presencia o ausencia de respiración y latido cardíaco, sino por actividad cerebral medida con un electroencefalógrafo). De este modo, la bioética evolucionará en la medida que evoluciona la tecnología, pero mantendrá su raigambre de principios éticos generales.

La deontología está definida como una de las teorías éticas principales que permite, en su carácter de marco de referencia, ayudar a conformar los modelos éticos que dan pie a las distintas concepciones y visiones de bioética; se refiere concretamente a la teoría de los deberes, y más específicamente al actuar correcto, visto como principio pues si fuera como resultado se enmarcaría más bien en la teleología. Dentro de la práctica se le puede concebir como un conjunto de deberes y obligaciones morales a seguir por un determinado grupo de profesionales (en el caso de la bioética aquellos que trabajan en ciencias de la vida y cuidado de la salud); dicho conjunto de deberes y obligaciones son los que constituyen un marco ético y por el cual se rigen los profesionales que se adscriben a colegios profesionales donde sus propios pares ejercen la tutela de los dilemas que nacen de la práctica de dicha profesión. Aquí radica la principal diferencia con la ética, pues ella no busca cumplir normas morales por el hecho que existan, sino porque en su esencia dichas normas son buenas y tienden, como fin último, a la naturaleza del espíritu humano: el bien. Por otro lado, la ética no requiere de colegios o agrupaciones de pares para sopesar tal o cual accionar, pues todos los seres humanos tenemos la capacidad de ver el bien o el mal de los actos propios y de los de los demás y por ende, de evaluar dichos actos y obrar conforme dicha evaluación, pues una de las condiciones sine qua non de la ética es la de disciplina práctica. Pero de este mismo modo, podrían existir tantas visiones de ética como individuos pensantes capaces de distinguir el bien del mal, si es que todos esos juicios estuvieran en lo correcto, o enmarcados dentro de alguna corriente filosófica o escuela moral fundada (si consideramos que cada opinión es verdadera por el solo hecho de que quien la defiende le parece como tal, caeríamos dentro de un relativismo moral no basado en principios sino en opiniones no necesariamente bien fundamentadas); por tanto, la ventaja desde esa óptica la tiene la deontología al establecer un marco teórico para cada accionar profesional, lo que permite cierta unicidad de criterios. De todos modos en el caso de la bioética, en que los avances de la ciencia hacen cambiar dichos marcos teóricos cada cierto tiempo, se puede necesitar la revisión de dichos marcos acorde a la realidad del momento. Y finalmente, pensando en que la deontología se basa en un marco moral (difícil de modificar) pero también en un marco jurídico, es que los colegios profesionales deben estar atentos a las modificaciones legales de cada país, ya sea para colaborar en su discusión y elaboración desde la experiencia de la praxis profesional, o para modificar sus códigos deontológicos y que sean acordes con la legalidad vigente.