Falsa Filosofía


Meditación (cuento)
30 mayo, 2015, 3:18 pm
Filed under: Uncategorized | Etiquetas:

Juan pensaba en silencio, sentado en un idílico paraje en la ribera de un pequeño riachuelo, rodeado de vegetación y silencio. Con los ojos cerrados, las piernas entrecruzadas y la espalda recta, a la distancia parecía estar meditando, pero su mente en ese instante trabajaba febrilmente en lograr desenmarañar una serie de sueños que parecían atacar su mente, y que nada tenían que ver con el bucólico entorno en que se encontraba su cuerpo.

Juan vio aparecer desde el norte una presencia que parecía incendiar el aire, que hacía vibrar en su contra todos los elementos del paisaje, capaz de convertir el río en lava, las aves en flechas ponzoñosas, los árboles en bestias iracundas e irracionales, los animales en espectros endemoniados, y el aire en un veneno que ardía por doquier.

Juan luego giró hacia el este. Por una senda de tierra cubierta de hojas secas y rodeada de grandes árboles, una extraña procesión marchaba en silencio. Una novia caminaba con su traje embarrado y sin anillo en su mano izquierda; tras ella un soldado con traje de campaña y desarmado arrojaba medallas al suelo para luego pisarlas. Más atrás se veía un graduado de universidad con el birrete roto, un sacerdote encendiendo una por una las hojas de una gran biblia, un futbolista descalzo. Tras ellos, la procesión seguía hasta hacerse indistinguible con el resto del paisaje.

Juan luego giró hacia el sur. El tiempo parecía detenido en cualquier instante, salvo por la brisa que mecía tenuemente la vegetación. A la vera del camino un gato parecía mirar el entorno sin mover la cabeza ni su cola; a un metro frente a él, el cadáver de una paloma y el de un ratón pequeño esperaban a que el gato u otro animal completara el ciclo esperable de cualquier cuerpo en la naturaleza. Sin embargo, y pese a verse casi famélico, el felino apenas intentó sacar su lengua a ver si ello lo acercaba al festín que se presentaba para él, y al ver que dicho esfuerzo no rendía fruto alguno, se echó a descansar, impertérrito.

Juan luego giró hacia el oeste. Desde la montaña una avalancha de nieve y barro bajaba a gran velocidad por la ladera más empinada; justo cuando estaba por arrasar con un camino de tierra en mal estado, cinco jinetes de a caballo apuraron la carrera de sus bestias para alcanzar a cruzar justo antes de ser aplastados y arrastrados, haciendo que se desbocaran y terminaran corriendo sin control. De improviso y de la nada tres personas atravesaron el camino a toda velocidad, sin mirar a los caballares y sus jinetes, salvándose de ser aplastados por apenas algunos centímetros.

Juan volvió a mirar al norte. La presencia había invadido el todo a su alrededor, haciendo el entorno insostenible. En ese instante Juan aceleró su respiración para equipararla con la vibración del ambiente, para luego empezar a bajar su frecuencia e intensidad, arrastrando tras de sí a la presencia, que lentamente empezó a calmarse, y con ello devolvió el entorno a su estado inicial de equilibrio perfecto.

Juna volvió a mirar al este. La procesión seguía su lento deambular por la senda boscosa. Juan apareció delante del grupo, y luego de asegurarse que la novia empezara a seguirlo, desvió el paso hacia un camino limpio e iluminado por el sol, arrastrando tras de sí a todos los caminantes. Luego apareció al final del grupo, empezando a apurar el paso para que la fila de marchantes siguiera el camino a una velocidad adecuada a la realidad del entorno.

Juan volvió a mirar al sur. Sin prisa caminó hacia los animales muertos; al verlo el gato empezó a maullar, pidiéndole que se los acercara; en ese instante Juan levantó el cadáver de la paloma y engulló su cabeza lenta y ruidosamente, despertando el hambre del gato, quien lentamente se puso de pie. Juan entonces retrocedió un par de pasos, llevando con él los restos de la paloma y el ratón, a lo que el gato respondió apurando el paso. Finalmente Juan lanzó con todas sus fuerzas los cadáveres por el camino, haciendo que el gato corriera tras ellos para no perder su merecida comida.

Juan volvió a mirar al oeste. De improviso apareció delante de los jinetes con los brazos abiertos, haciendo que los animales trastabillaran y derribando a los jinetes; del mismo modo se situó a la vera del camino de los caminantes, haciendo una zancadilla al primero y llevando con él al suelo a sus dos compañeros de ruta. Segundos después, los jinetes y caballares por su lado y los caminantes por el suyo se pusieron de pie, limpiaron sus heridas, y siguieron sus trayectos en paz y tranquilidad.

Juan dejó de pensar, abrió los ojos y se puso de pie. Gracias a esos minutos consigo mismo, había logrado aprender a vencer su odio, su desencanto, su pereza y su imprudencia.

Anuncios

Dejar un comentario so far
Deja un comentario



Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s



A %d blogueros les gusta esto: