Falsa Filosofía


Estoy muerto
23 abril, 2013, 5:24 pm
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Estoy muerto. Hace mucho tiempo que lo estoy. Antes de eso, cuando estaba vivo, también estaba muerto. Acostado en este ataúd que captura mi cuerpo y permite a mi alma alojarse en un continente cómodo y bastante conocido por lo demás, puedo reflexionar acerca de todo lo que pasó en esa extraña forma de muerte llamada vida, y que separa una muerte de otra por períodos no mayores a cien años. Dentro de esta caja de madera metida en el cubículo rectangular de cemento que los vivos llaman nicho, disfruto de mi pasajera estadía en el cementerio hasta que alguien, de aquellos que ninguno nombramos pero de quienes sabemos que existen porque existen, nos venga a sacar y nos lleve a ese lugar en que están quienes murieron y están por nacer, para así acercarse a la próxima muerte.

Lo vertiginoso de la existencia humana nos impide tener el tiempo adecuado para dejar que todo aquello no físico ni productivo se desarrolle; es por eso que el estar muerto me permite soñar e idealizar acerca de cosas que quisiera hacer estando vivo, pero que sé que jamás lograré, pues esos sueños apenas sirven para alimentar el alma y calmar un poco la ansiedad por ser más y mejor que el del lado, cosa impensada para cualquiera que se precie de estar vivo. Así, la muerte me deja ser quien quiero y no quien debo, emulsionando  rabias, temores y frustraciones, para que el alma llegue limpia a la vida siguiente y tenga espacio para llenar con esos asquerosos productos del soplo divino en el cuerpo inerte del humano. ¿Por qué tenemos la necesidad de vivir tan rápido, sin disfrutar de nada de lo que hacemos, si se supone que para eso es el período entre muerte y muerte llamado vida? ¿O es acaso la muerte la verdadera vida, cuando no necesitamos nada y nada necesita de nosotros?

No entiendo la vida, y es por eso que prefiero estar muerto, y que prefiero pensar que cuando estoy vivo también estoy muerto. La realidad del subsistir es simplemente enfermante mientras se vive, cosa inexistente al dejar ese penoso estado.

Tal vez lo único homologable de la muerte con la vida es el dormir. Ese estado de desconexión de la realidad, y más precisamente ese instante en que lo sucedido durante el día empieza a dejar de importar al ser aplastado por la ensoñación, es lo único que puede al menos aproximarse a la maravillosa sensación de estar muerto. Y pese a las almas en pena que aparecen por doquier, sufriendo y haciendo sufrir por culpa de sus recuerdos, y de uno que otro espíritu maligno que anda buscando almas oscuras para acercarlas a su destino final, la sensación de estar muerto es simplemente lo mejor que puede existir. Pero para poder morir primero hay que vivir, y de ahí en más comienzan las complicaciones.

Estoy muerto. Todos lo estamos. Hasta los vivos están muertos. Todos pretenden creer que la vida es simplemente la capacidad de latir, respirar y pensar, pero están completamente equivocados: subsistir no es vivir, aunque les duela reconocerlo. Los que creen estar vivos ya no sienten, no disfrutan la vida, no gozan lo que tienen, no luchan por sus ideales; de hecho, la mayoría no tiene siquiera ideales. Siguen la rutina establecida porque les enseñaron que eso es lo que existe, y del modo en que debe existir; y cada vez que alguien se da cuenta que eso no es vida e intenta empezar a vivir, lo tildan de loco, desadaptado o hasta de antisocial. La vida dejó de ser vida hace tiempo, y quienes están vivos, pese a estarlo, no lo están.

Estoy muerto. Tú también. No te resistas, simplemente asúmelo, y empieza a vivir.