Falsa Filosofía


Religiones y moral
10 junio, 2012, 7:53 pm
Filed under: filosofía

Juzgas en nombre del libro que dice que no hay que juzgar para no ser juzgado; pregonas su palabra como ley sagrada, cuando en sus páginas iniciales se reconoce que es una traducción e interpretación de escritos antiguos, muchos de los cuales están definidos como alegorías; intentas imponer un canon de conducta basado en un dogma, y que según tu percepción deben seguir todos, inclusive quienes creen en otra cosa, de otro modo, o simplemente no creen. ¿Te sentiste aludido? Pues bien, estas breves palabras no se refieren a un credo en particular sino a todos en general.

El dogma parte de la premisa de la existencia de una cualidad o don llamada fe, que no es otra cosa que la capacidad de creer en la existencia de algo sin necesidad de pruebas. Esta sola definición inhabilitaría la posibilidad de racionalizar alguna discusión respecto del tema, y eliminaría la necesidad de la comprobación histórica de los hitos de cada tradición: la fe no requiere pruebas. ¿Pueden entonces las instituciones formadas para administrar la fe de los diversos grupos de creencias en el mundo, erigirse como rectores morales o éticos de ellos y otros, por muy lógicas que pudieran parecer sus reglas, si sus bases están cimentadas en la capacidad de creer sin necesidad de comprobar?

Si bien es cierto la mayoría de las normas de cada credo están basadas en el sentido común, hay algunas que son cuestionables, no porque sus definiciones sean inadecuadas, sino por absolutas, exclusivas y excluyentes. Ahora bien, la respuesta clásica a estos cuestionamientos por parte de los credos es que su definición está basada en iluminación divina; es justamente la disyuntiva de no poder comprobar o descartar esta respuesta, por el hecho de estar fundamentada en la fe, la que debería llevar a cada religión a entender que sus códigos morales son completamente válidos y aplicables, pero sólo son exigibles a quienes profesen dicha fe. El aporte de todos los actores de la sociedad en temas morales es válido y necesario, pero no puede pasar por la imposición desde la fe como argumento.

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