Falsa Filosofía


Diálogos de Bioética IV
20 agosto, 2009, 12:25 am
Filed under: bioética | Etiquetas:

Resuma de forma breve los argumentos a favor y en contra de la eutanasia que están presentes en el actual debate en bastantes países. Dé su opinión personal fundamentada.

El principal problema al intentar hacer un paralelo entre los argumentos a favor y en contra de la eutanasia está, tal y como se describe en los documentos de trabajo, en la definición de eutanasia. Todos los argumentos a favor de esta práctica intentan de cierto modo adornar o encubrir el hecho de fondo, que no es otro que matar a un paciente. Independiente de la postura que se tome, la claridad plena de este concepto evitará dobles lecturas e interpretaciones antojadizas.

Los argumentos a favor de la aplicación de la eutanasia se basan en el principio de la autonomía del paciente y el principio utilitarista de procurar el mayor bien al mayor número de personas posibles. El principio de autonomía se interpreta como la libertad absoluta del paciente para decidir acerca de sí mismo, incluyendo el instante y las circunstancias de su muerte. De este modo se pregona que si llega la instancia en que las enfermedades merman de modo irreversible la calidad de vida de la persona (sea porque le provoca dolores insoportables o porque limita parcial o totalmente sus capacidades de autovalencia), ésta está en su derecho de solicitar ayuda para terminar con su existencia, ya sea siendo asistido en su suicidio o recibiendo una muerte no dolorosa; esto supone que, habiéndose agotado todos los recursos existentes en el estado del arte médico para la patología que porta el paciente, y no pudiendo ofrecérsele otra alternativa curativa o paliativa, éste puede disponer de su propia vida, dentro de lo cual también se encuentra el término de ella; dado que es el médico el garante que la sociedad tiene de la salud de las personas, y que en él residen los conocimientos técnicos acerca de la vida y de la muerte, sería éste el indicado para ayudar al paciente a tener una muerte no dolorosa, sea por medio de asistencia al suicidio o por acción directa administrando algún principio activo que provoque la muerte. El principio utilitarista se basa en la premisa de procurar el mayor bien a la mayor cantidad de personas posible. En este sentido la interpretación se basa en definir que la relación del coste de la enfermedad versus la calidad de vida son negativas tanto para el paciente como para la sociedad, generando una suerte de personas de segunda categoría dada su inutilidad desde el punto de vista productivo. Así, pacientes portadores de diversos grados de demencia, pacientes en coma profundo irreversible y recién nacidos con malformaciones y minusvalías graves, son considerados sujetos de eutanasia no porque lo soliciten, sino porque el costo económico que implica para la sociedad y su familia, y los costos emocionales que genera para el núcleo familiar, son mayores que la ganancia de mantenerlos con vida el tiempo que su propia biología determine. En este sentido es cada sociedad la que determina qué costos son atendibles y hasta cuándo.

Los argumentos en contra de la eutanasia parten de la premisa que la vida humana no es propiedad de la persona sino un don conferido a cada cual, el cual puede ser usufructuado libremente por cada individuo por y para sí mismo, pero sin poder disponer de su principio o su final. De este modo la persona está impedida de atentar contra su propia vida (pues el principio de autonomía de la persona pasa porque ésta esté viva) y por ende el médico no puede intervenir en este proceso facilitando los medios para que el paciente se suicide o administrándole algún principio activo que lo mate. Así, ontológicamente hablando, el médico está impedido de causar o facilitar la muerte de una persona pues ello va en contra de la esencia de su ser. Por otra parte, deontológicamente hablando, el médico está impedido de esta acción por el simple hecho de estar dentro de sus deberes la beneficencia y la no maleficencia, como principios superiores desde el punto de vista bioético, que están aún por encima del principio de la autonomía del paciente; si bien es cierto el médico no puede vulnerar el derecho de autodeterminación de cada individuo, tampoco debe prestarse a una situación en que los principios bioéticos entren en conflicto entre ellos. Sea cual fuere el deseo del paciente respecto de sí mismo, el médico no puede, para satisfacer dichos deseos, dejar de causar el bien o provocar el mal, pues ello va en contra de la naturaleza de la profesión por una parte, y de la naturaleza humana por otra.

Desde el punto de vista filosófico, y a diferencia del principio de la vida en que no tenemos medios para asegurar el instante en que el alma se funde con el cuerpo para conformar a la persona humana, el final de la vida tiene un instante marcado que es el momento en que terminan irreversiblemente las funciones vitales del cuerpo, pues al dejar de funcionar el continente el contenido ya no tiene dónde residir y debe seguir su camino. Basados en este precepto, al interrumpir una vida humana, sea facilitando el suicidio o acabando directamente con esta, estamos destruyendo el continente de un alma y por ende interfiriendo en el camino trazado para esa alma. La naturaleza física de la persona humana nos impide conocer aquello que está fuera de nuestro ámbito físico, por lo cual dejamos ese ámbito en manos de la creencia en algún dogma que compartamos por historia familiar o por convicción. Independiente de los dogmas de cada cual, y nuevamente afirmados en la incertidumbre de todo aquello que escapa a nuestros sentidos, es que el médico debe abstenerse de intervenir en aquello que no domina ni le concierne, pues el arte médico está reservado para la vida del cuerpo físico, y no para los límites de la persona desde el punto de vista metafísico.