Falsa Filosofía


Diálogos de Bioética III
13 julio, 2009, 9:09 pm
Filed under: bioética

Resuma los argumentos a favor y en contra de que la vida humana comienza en el momento de la fecundación del óvulo por el espermatozoide. Dé su opinión razonada.

El comienzo de la vida humana, pese a todos los avances científicos, sigue y seguirá siendo materia de controversia, debido a la diversas interpretaciones de la evidencia científica existente y a la dimensión filosófica que envuelve su definición.

Basado exclusivamente en la biología, los principales argumentos a favor del inicio de la vida humana en el momento de la fecundación están basados en la potencialidad absoluta del cigoto de formar una persona humana. La presencia de un material genético nuevo y distinto al de ambos progenitores luego de la fusión de las membranas de ambos gametos sirve como pilar de esta ponencia, pues define a esta célula como un organismo independiente de los genomas de sus padres, toda vez que pese a que cada cual aportó la mitad del material genético la mezcla lleva a la expresión de un conjunto de cualidades únicas e irrepetibles que constituirán a una persona humana. Del mismo modo, desde el instante de la fecundación y hasta la muerte se está en presencia de un solo proceso que pasa por distintas etapas, esto es, un continuo sin interrupciones ni posibilidades de modificación de especie, pues el cigoto humano tiene todas las potencialidades de formar una persona humana, mas ninguna potencialidad de cualquier otra especie. Previo a la unión de ambos gametos no existe una forma de vida independiente, sino sólo células altamente especializadas que gracias a la fusión pueden llegar a conformar vida independiente como tal.

Los argumentos en contra del inicio de la vida humana desde la fecundación se basan en la idea de no asociar la esencia del individuo con el cigoto sino con estadíos más avanzados del desarrollo del embrión. Así, se sugieren como hitos de inicio de la vida humana la fusión de los pronúcleos, pues en ese instante se estaría en presencia de un solo material genético; la implantación, o el momento en el cual no fuera posible por medios naturales la aparición de gemelos, pues ello aseguraría la fase irreversible de individualidad del embrión, lo que definiría la característica propia de la persona humana; la fase de estría primitiva, cuando se han conformado todos los sistemas de sustento del embrión; el inicio de la vida cerebral, basado en que la presencia de función cerebral determina la existencia de un centro que coordina todas las acciones, tal como su cesación (muerte cerebral) determina el término de la vida en cuanto persona; la presencia de cerebro, sistema nervioso, órganos de los sentidos y corteza cerebral, pues ellos constituirían el principio exclusivo y determinante de la persona humana, toda vez que constituyen el centro de comando central de la vida y sus vías de conexión con el medio que lo rodea. De todos modos ninguno de estos argumentos logra definir qué es el conjunto de células que se ha conformado desde la fecundación del óvulo por el espermio hasta cualquiera de estos hitos de inicio de la vida humana.

Desde el punto de vista filosófico se define a la persona humana como una unidad de cuerpo y alma, y se considera que dicha alma es la que da la esencia, sustancia e individualidad a cada persona. Estas consideraciones metafísicas pueden variar entre las distintas escuelas filosóficas en mayor o menor grado, pero en general todas aceptan la existencia de una sustancia no física que le da sentido e individualidad a cada uno de nosotros. No debemos dejar de lado por supuesto a aquellos que no creen en ningún tipo de existencia no corpórea, y que sostienen que la vida es meramente física. Todas estas consideraciones se basan exclusivamente en la capacidad propia del ser humano de creer en algo insustancial y no posible de probar por medios humanos, a lo que generalmente denominamos fe. Es así como cada uno de nosotros, de acuerdo a nuestra historia familiar, a los diversos sucesos de la vida o a los conocimientos adquiridos, seguirá una particular manera de aceptar la presencia o ausencia de alma. En este sentido los profesionales del área de la salud debemos tener presente que pese a nuestras propias creencias y a la de nuestros usuarios, nuestro actuar debe ser siempre el correcto, esto es, ceñido a lo que la ley y el estado del arte médico indican.

De este modo, dado que nos es imposible medir la existencia de alma (y aceptando su existencia tampoco es posible determinar fehacientemente el instante en que dicha alma ingresa al cuerpo), y basados en el conocimiento que la ciencia nos entrega, es que desde mi punto de vista es prudente considerar que la vida humana, considerada como una unidad de cuerpo y alma, se inicia en el instante de la fecundación del óvulo por el espermio. De todos modos nunca está de más recordar que las creencias de nuestros usuarios son tan válidas como las nuestras, por lo cual es imprescindible en estos temas sensibles informar de nuestras convicciones a quienes nos consultan, lo que permitirá que cualquier decisión que se tome al respecto sea consensuada, informada y aceptada libremente por ambas partes.