Falsa Filosofía


dialogos de bioetica ii
20 junio, 2009, 5:40 pm
Filed under: bioética

¿Qué opina de las ideas de Engelhardt sobre el profesional de la salud como burócrata y geógrafo de valores?

Una mirada superficial de estas afirmaciones me hace pensar en el carácter didáctico que puede haber buscado el autor para tratar de explicar las dificultades presentes al confrontar diferencias morales de fondo entre los actores de la díada personal sanitario – usuario.

Al representar al profesional como un burócrata que se dedica a recordar a sus pacientes sus derechos y los límites de estos, parecemos estar frente a un administrativo que lee una cartilla de instrucciones a quien está enfrente de él, sin importar que entienda o comparta lo que está leyendo. Si bien es cierto no es extraño encontrarnos con diferencias entre los supuestos morales de ambas partes, ellas no son sino más bien sutiles. Pese a la gran diversidad de supuestos existentes, casi todos ellos en el mundo occidental están regidos bajo la moral judeocristiana, que es la que nos gobierna ancestralmente, siendo las diferencias más bien de forma que de fondo; muchas veces corremos el riesgo de fijarnos sólo en las diferencias, mientras tenemos frente a nuestros ojos las similitudes. Obviamente los creadores de los códigos deontoógicos intentarán ordenar sus ideas de modo tal que tengan un sustento racional para poder demostrar a todos los actores la pertinencia de los enunciados; sin embargo, al revisar estos códigos no sería extraño encontrarnos con que la mayoría de las diferencias están basadas en conceptos primarios comunes. Ahora bien, desde mi punto de vista el profesional de la salud, si debe comportarse como un burócrata, debe hacerlo en toda la extensión de la palabra con todos los usuarios, y no sólo con los extraños morales; discriminar entre quienes comparten su moralidad y quienes no, pondría una suerte de muro que llevaría al profesional a preferir a unos por sobre otros, lo cual terminaría por deteriorar su calidad de atención general y su imagen frente a los usuarios, lo que en definitiva mellaría la confianza que debe existir entre el profesional y el usuario. Dentro de la práctica profesional privada esto podría no ser un problema mayor basados en la ley de la oferta y la demanda, pero en el sector público, en que en muchas ocasiones el profesional a cargo de algunos programas de salud es único, esto no puede ocurrir, pues violaría el principio de equidad.

La caracterización del personal de salud como geógrafos de valores y derechos se refiere a que cuanto más capaces son de mostrar a sus pacientes las consecuencias de sus decisiones y las razones a favor y en contra de otras posibles decisiones, más pacientes podrán elegir racionalmente y asumir sus responsabilidades con sus equipos de salud. En el texto el autor plantea un conflicto entre el deber de respetar la libertad del paciente y el deber de hacer lo que mejor responda a los intereses de dichos pacientes. Desde mi apreciación y experiencia clínica, en la medida que los profesionales somos capaces de ejercer este papel de geógrafos dicho conflicto desaparece o se minimiza, pues siempre ha de primar el principio de autonomía de la persona. En la medida que un paciente esté en pleno uso de sus facultades mentales y el profesional haya explicado todas las repercusiones positivas y negativas de las diversas alternativas respecto de la consulta del paciente en un lenguaje adecuado a la realidad de dicha persona, la decisión que tome siempre será la más adecuada a su realidad moral. Ningún profesional puede imponer su criterio al paciente, pues el acto de consultar es libre, por ende lo que la persona decida del resultado de dicha consulta también lo será. Del mismo modo en que esa persona es libre de tomar la decisión de seguir o no las indicaciones que emanen de su consulta, la responsabilidad de las consecuencias de no seguirlas recaerán sobre dicha persona, toda vez que el profesional haya cumplido adecuadamente su misión de mostrar la mayor parte de las consecuencias de las alternativas que le ofrezca al paciente. Siguiendo esta línea, el profesional deberá informar al paciente de las restricciones que le impone su propia moral respecto de alternativas terapéuticas, para que éste, ejerciendo su autonomía, decida si toma alguna de las que aquel profesional ofrece dentro de su marco valórico, o busca otro que se acerque más a sus valores.

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