Falsa Filosofía


De autoflagelo y autoperdón
12 diciembre, 2008, 11:58 am
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Llevo una semana de quiebre de una relación de pareja de una década. Durante estos días me he dedicado a escribir por todos lados acerca de lo mal que estoy, en espera de lástima y de palabras de apoyo. He recibido mucho cariño de quienes considero mis amigos, y también de gente que apenas conozco, pero que ha empatizado con mi problema. Dentro de todas las cosas que se han hablado, hay dos de las cuales vale la pena discutir acá: el autoflagelo y el autoperdón.

Cuando uno ha sido el culpable del quiebre y tiene conciencia de ello, tiende a flagelarse social y psicológicamente para “expiar” el pecado cometido, cosa bastante frecuente dentro de una sociedad basada en tradiciones juedocristianas. Esta conducta en general es bastante destructiva, pues es capaz de sacar lo peor de cada cual contra uno mismo; pero a veces, y si es bien enfocada, puede llevar a enfrentar con sinceridad la causa real de dicho quiebre, y sacar lecciones suficientes al respecto para corregir los errores e intentar una nueva oportunidad, o para crecer y no volver a cometer los mismos errores en el futuro.

Cuando uno ha sido el responsable del quiebre, busca por todos los medios que la otra parte lo perdone, nuevamente basado en la tradición judeocristiana. Pero a veces olvidamos que para la otra persona no es tan fácil perdonar u olvidar lo ocurrido, o que ya le somos indiferentes. Y aquí empieza la lucha contra la propia conciencia, en busca de un algo que en un principio no somos capaces de entender, pero que con el tiempo podemos visualizar, o alguien de fuera es capaz de decirnos: el autoperdón. Por la misma causa del autoflagelo, no nos damos cuenta que nos demonizamos frente a nosotros mismos, amplificando el tamaño de nuestro error o falta a niveles definitivamente inconmensurables o estratosféricos. Y mientras esperamos que nuestra contraparte nos perdone, seguimos castigándonos y torturándonos por dentro, sin darnos cuenta que antes que el perdón del otro, es necesario el perdón con nosotros mismos. Ese perdón, el que nace de nuestra alma para con nosotros mismos, es el más difícil de lograr, pero a la vez es el signo inequívoco de que las heridas van sanando.

Y aquí estoy, intentando racionalizar algo de mi realidad de este momento frente a ustedes, mientras apreto un poco más el silicio que rodea mi alma, y no veo cerca la posibilidad de perdonarme.